Relato: El columpio


Despertaba, como cada día, sola. En una cama húmeda y vieja, donde los alambres del roto colchón se clavaban, inclementes, sobre su joven piel. Nadie reclamaba su presencia al salir de la habitación, nadie la esperaba para darle los buenos días y servirle el desayuno. No habían voces que la hiciesen sentirse viva y querida. Las voces de una familia que se sentara junto a la mesa para compartir, discutir o simplemente darse calor afectivo. Buscaba por los destartalados muebles de la cocina esperando, al abrirlos, encontrar algo más que insectos huyendo sin una dirección concreta en busca de refugio. Pero no había suerte, y su estómago murmuraba, suplicaba, que le prestasen un mínimo de atención. Salía fuera con la esperanza, más marchita a cada día que pasaba, de toparse con otros niños. Cuando estaba con otros niños se olvidaba de todo lo que no tenía, de lo que se le había negado. Sólo había sitio para jugar, reír, ignorar... Y en ese tiempo era la niña más feliz del mundo. Pero hoy tampoco habían niños. El calor era insoportable y debían estar en alguna sombra, descansando. Eso pensó ella, así que empezó a caminar, siempre por las sombras que iba encontrando, en busca de la escurridiza compañía que tanto anhelaba. Llevaba diez minutos caminando, pisando desperdicios y recorriendo ruinosos edificios, cuando lo vio. No lo había visto nunca antes, y no podía entender porqué, ya que solía pasar por allí a diario. Era el columpio más brillante y precioso que nunca se hubiese podido imaginar. Se acercó a él y lo tocó, lo acarició, como si no creyese lo que estaba viendo. Estaba justo en el centro de un pequeño descampado, sin ninguna sombra que lo cobijase, pero cuando sus pequeñas manos se posaron sobre él, no sintió calor, sino todo lo contrario. El metal estaba frío, apetecía tocarlo, era reconfortante. El columpio estaba impecable, pintado de un color dorado que hacía juego con el rubio cabello de ella. Tenía un único asiento, bien sujeto con cadenas en ambos lados. La madera era suave y, al sentarse, parecía incluso más blanda de lo que se hubiese podido imaginar. Sus delgadas piernecitas no tardaron en darse impulso suficiente para que el columpio empezase a balancearse. Era un balanceo relajante, ningún chirrido alteraba la paz que en ese momento la rodeaba. El viento en su cara parecía acariciarla con atención. Cerró los ojos y abrió su mente. Empezaron a brotar flores alrededor, de todos los colores que ella conocía. De todos, menos el rojo, no le gustaba ese color. Los edificios habían desaparecido y en su lugar habían árboles de frondosas ramas y hojas verdes. Podía oírse el rumor de un río con aguas cristalinas, donde un caballo blanco, de un blanco inimaginable, se detenía a beber. De repente sintió un leve empujón en su espalda, pero no era un empujón violento, sino más bien un impulso para que su balanceo no se detuviera. Se giró y vio a su padre, sonriendo y diciéndole lo preciosa que era. Su pelo había crecido de nuevo y estaba limpio. Llevaba un vestido de color rosa, su color favorito, y una diadema haciéndole juego, con pequeñas mariposas en relieve. Sintió otro empujón y cayó. Abrió los ojos y descubrió que estaba en el suelo, bocabajo, y que su nariz sangraba. Sus piernas temblaban, no eran capaces de resistir el peso de su maltrecho cuerpo. Habían vuelto los edificios, el calor sofocante, la soledad y el hambre. Pero la esperanza no volvió. De pronto se sintió poderosa porque, por primera vez en su vida, podía decidir. Decidió quedarse allí y cerrar los ojos de nuevo. Decidió que no quería dejar de soñar.

7 comentarios:

miguelgeo2 dijo...

Toma ya!! Eres un fiera!!
He flipado. ¿Para cuándo una pequeña novelita?
Se te dan bien los temas que tocan la fibra sensible, allí donde duele, la soledad y toda la putada que la rodea.
¡¡Tiembla Zafón!!

David Braña dijo...

Gracias! Aunque compararme a Zafón es demasiao hasta para mí jejeje.
Para lo de la novelita estoy esperando a que los bancos den hipotecas con facilidad, como antaño, y pillarme una casita en la montaña, junto a un lago, donde pasar largos periodos de tiempo solo, junto a mi vieja máquina de escribir... Saludetes!!

Dani Egido dijo...

Muy bueno, me ha gustado, y mucho :)
Te dejo de paso el enlace de mi loca web, que ya está funcionando en sus primeros días de vida.

http://www.rinconenfermo.com/

Saludetes :)

David Braña dijo...

Güeb visitada, Dani. Está muy bien, un buen lugar para evadirse en otra dimensión :D
Saludetes!!

Maria Vilar dijo...

Lo de ficomic, arreglao. Y del relato decirte que es precioso, me emocionó ;P
Yo soy así jiji

J.A.Rubio dijo...

Bueno compañero, lo de largarte a la montaña solo a escribir durante una temporada suena muy bonito y muy a S.King, pero estoy seguro de que a dos personas muy cercanas a ti no les haría ninguna gracia.
Además viendo el relato creo que escribes muy bien desde la ciudad. y además ¿Como te localizaría si necesito de tus talentos como escritor?

David Braña dijo...

María: Muchas gracias, guapetona! Y me alegro te hayas emocionado, si no fuese así me sentiría decepcionado conmigo mismo :D Un besote.

J.A. Rubio: Eres un lince! ;D No te preocupes, que tengo que amortizar la hipoteca en la ciudad, así que dudo me mueva de aquí. Abrazote.